Idas y vueltas Madrid - Taizé - Madrid y no dejo de volver en espíritu a mi casa... ¿Dónde está mi casa? Allá "donde mis tesoros se encuentren": mis anhelos, mis recuerdos, mi armonía y sobre todo, mis proyectos.
Desde el 2005 no he dejado de viajar en cuerpo y alma a esa colina intercultural e interreligiosa, de base cristiana, que poco o casi nada tiene que ver con el fastuo de los estados y de los jerárquicos rangos protocularios... un espacio dedicado a la construcción de lo que llaman "el reino de la Paz y la Justicia". Un tal reino "no se crea solo", dicen allí e invitan a toda persona que quiera y pueda a poner lo que cada cual elija según sus potencialidades, independientemente de su etnia, sexo y orientación sexual o de lo que sea, creencia o escepticismo.
He visto pasar por allí cristianxs y no cristianxs, cristianos coptos de París con sus amigos musulmanes, monjes budistas coreanos, sacerdotes indios, rabinos estadounidenses, diáconos palestinos que nos deleitaron cantando misa en arameo, creyentes y no creyentes. Todxs ellxs compartieron su sabiduría con quienes quisimos y pudimos escucharles, además de un sinfín de personas, de toda etnia, lengua, creencia y nación que le han dado la vuelta a mi mundo, descubriéndome una nueva cosmovisión auténticamente bella.
Allí se habla de un Jesús que "recorría todas las ciudades y viendo la gente que le seguía, se conmovía -ante el hambre de justicia y la sed de paz- ante lxs cansadxs, abatidxs, como ovejas sin pastor".
Un hombre ¿y por qué no una mujer?
Mi teoría es porque, hace 2000 años (y hoy en día...quizá tampoco) no la escucharían y duraría menos que un bollo a la puerta de un colegio. La hubieran lapidado y nadie se hubiera enterado...o quizá no, quién sabe...
Dicen que duró 3 años desde que abrió la boca para darle un giro al orden social y político, desde lo privado hasta lo público, entre libres y esclavos, ciudadanxs y extranjerxs, hombres y mujeres, escrupulosos observadores de las leyes y gentiles.
Pero lo que realmente me sirve de esta historia, como todo lo que pasa por mi vida, es el fruto que da en el día a día.
Cuando me hablan de cultivar mis talentos no solo para mi beneficio, sino en relación con el contexto social e histórico en el que vivo, para mi y para mi comunidad, resuena.
Si hablan de la Confianza en Dios/Diosa, en la Vida, sin pelearse de contínuo con las circunstancias, lo capto y vivo en calma.
Y cuando, comprendiendo y empleando su registro, termino mi intención con un "si Dios quiere", me devuelven un cristalino "se hará lo posible para que Dios quiera". Y se diluyen mis muros, mis defensas y desconfianzas, porque compartimos muchos de los conceptos que he aprehendido en otros contextos, de espiritualidad o de cotidianeidad, aunque difiera la forma en la que lo expresamos.
Para eso me hice traductora: para tratar de entender a las personas que hablan otro idioma, otro sistema de creencias u otros registros, incluso en mi misma lengua. Trabajar los idiomas es uno de los frutos que ya estoy dando y recogiendo con mi entorno, tras reconocer el don -porque llegó sin dar explicaciones- y entender que era preciso desarrollarlo, aún a ciegas, sin saber muy bien para qué serviría.
Ahora veo todo, o quizá solo en parte, el potencial de esa capacidad de traducir que se manifestó allí en Taizé, al ver que era algo que otras personas necesitaban y que yo podía ofrecer.
Y, poquito a poco, van apareciendo las fichas del puzle que me faltaban para comprender determinadas situaciones de un modo global, con sus porqués y paraqués o simplemente, toca aceptar la ausencia de las mismas para poder fluir en paz.
En ese puzle se va perfilando una imagen de la evolución a la que creo que todo ser humano es susceptible: la de la ovejita que se convierte en oveja alfa, la que abre camino, pasando de cordera a oveja y de oveja del rebaño a conductora del mismo. Ha aprendido de las buenas pastoras y pastores dónde se encuentran los mejores pastos. Las demás, que de tontas ni una lana, siguen a la que sabe alimentarse y recrearse en verdes praderas. Dicha oveja, un día verá un árbol con deliciosos frutos, apoyará sus patas delanteras sobre el tronco para alcanzarlos de las ramas colgantes y se dará cuenta de que por fin se ha levantado y que, gracias a ella, otras tantas podrán hacer lo mismo e ir más allá de lo que se esperaba de ellas.
"Somos lo que somos y lo que podemos llegar a ser: proyectos vitales en constante evolución". Viktor Frankl.
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